El pastor Gustavo Almirón destacó el trabajo silencioso del grupo: “Hay
mucha gente solidaria haciendo un trabajo que casi nadie ve”.
Casi 600 voluntarios se turnan cada dos horas y trabajan con un
protocolo propio:
• relevos permanentes
• acompañamiento a personas en riesgo
• intervención inmediata
• seguimiento espiritual y profesional
En los últimos meses aumentaron las intervenciones, especialmente hacia
fin de año, cuando —según Almirón— crece la crisis emocional por pérdidas, estrés
y soledad.
El equipo también contiene a quienes ayudan: apoyo espiritual, emocional
y trabajo en conjunto para sostener el impacto de cada caso.
“Son dos horas pensando en alguien más”, resume el pastor, que agradeció
el compromiso de todos los voluntarios.




